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El miedo al primer día se lo puede romper

El próximo 16 de abril, miles de niños dejarán la calidez del hogar para estar junto con nuevos amigos y un maestro. Los padres tienen que darles confianza.

El próximo lunes no será un día cualquiera para miles de familias de la Costa ecuatoriana en las que haya niños que van por primera vez a un aula escolar. Una serie de sentimientos se mezclarán en padres de familia e hijos.

Esperanza, optimismo, nerviosismo, alegría, tristeza y otros se apoderarán de ellos durante esa jornada. Acompañar a los pequeños ese día es un buen estímulo, afirman parvularios y sicólogos consultados. Si puede hacerlo un gran número de familiares, es mucho mejor. Lo importante es transmitirle confianza y seguridad al pequeño o pequeña.

En eso coinciden las parvularias Kathiuska Tircio y Laura Bailón, así como el sicólogo clínico Édgar Reyna. Reyna, quien labora en el Centro Sicológico Integral Servi Terapias, recomendó a los padres que, junto con sus pequeños, recorran las instalaciones de la institución educativa, principalmente el aula donde se educará el menor.

Del mismo modo, consideró indispensable que los progenitores le presenten a la maestra o al maestro y le expliquen quién es y qué va a hacer esa persona con ellos.

“A la par, los padres deben repetirles que no van a estar solos y que siempre estarán allí cuando los necesiten”, sostuvo. Aunque no hay un tiempo determinado, Reyna expresó que un niño suele adaptarse al ambiente escolar en una semana.

La aclimatación es mucho más sencilla —remarcó— cuando los padres en casa han trabajado para que su hijo sea independiente. “Si el menor ha sido sobreprotegido, la adaptación tarda más y será más dolorosa, pues se trata de un niño tímido y dependiente. Es muy útil que el menor tenga actividades lúdicas en centros de desarrollo infantil antes de iniciar su vida escolar”, aseveró.

Tircio, quien obtuvo su título de licenciada en Educación de Párvulos en la Universidad Laica Vicente Rocafuerte de Guayaquil, coincide en que los jefes del hogar deben trabajar con su hijo con dos o tres meses anteriores. “Ahí se le dice dónde va a estudiar o cómo se llama la escuela. Hay que mostrarle los útiles escolares de manera recreativa para que se interese”, manifestó.

La maestra de la Unidad Educativa Particular Bilingüe Santo Domingo de Guzmán es partidaria de una visita al recinto escolar al menos con una semana de antelación. “Es bueno que vean cómo se trabaja. Hay planteles que convocan a los alumnos a una jornada de adaptación. Esa oportunidad no hay que desaprovecharla”, insistió.

Pero ¿qué hacer cuando el pequeño se estresa y llora? Tircio señaló que esa situación debe ser manejada con tranquilidad por parte de los padres. “Si no se puede llevar al niño a la escuela, se le debe dar seguridad de que lo van a cuidar y a proteger. Hay que hablarle muy bien del sitio donde se va a quedar el pequeño”.

Respecto a las personas que deben acompañar al menor en su primer día de clases, la parvularia con 24 años de experiencia en educación inicial acotó que la presencia de papá y mamá es fundamental. Empero, dejó abierta la posibilidad de que acudan todos los miembros de la familia posibles, es decir, hermanos mayores, tíos o abuelos.

“Mientras más personas vean los pequeños es mejor para ellos. Se van a sentir más seguros y apoyados por sus allegados”. Eso sí, si luego de transcurrido el período de adaptación, que varía según el nivel de confianza que se le haya transmitido a cada niño, se presenta una crisis emocional hay que investigar las causas que la provocaron.

El padre de familia —añadió— debe consultarles y manifestarles a los maestros lo sucedido para tomar cualquier correctivo. “Todo depende de cómo se ha estimulado al niño y cómo se lo ha hecho partícipe de lo que será su escuela. Ahí está la clave”, concluyó.

Progenitores manabitas se preparan

Los días empezarán más temprano. Desde mediados de este mes, el “hasta luego” será la constante entre los niños de educación inicial y sus padres. A ambos les toca despojarse de las sábanas que son tan placenteras. Eso lo sabe Gabriela Macías Franco y su hijo, Salvatore, de 5 años.

Atrás quedará el despertar pasadas las 09:00 y los desayunos en la cama. Gabriela contó que desde inicios de abril, hace que su pequeño vaya a la cama más temprano, desde las 20:30. Del mismo modo, le limita las horas en los juegos de pantalla y sobre todo mirar series infantiles por la televisión pagada.

“Todo forma parte de una estrategia para preparar al cuerpo a madrugar. Hay que dejar la flojera a fin de evitar esa molestia que significa estar llamando al niño una y otra vez para que salga de la cama.

En ciertas ocasiones, cuando las mañanas son frías, no quieren incorporarse”, puntualizó esta ama de casa que tiene además dos hijos adolescentes. Mientras Gabriela afina el plan para que Salvatore y sus otros vástagos puedan despertarse más temprano para llegar a tiempo a sus establecimientos educativos, Katherine Lucas, residente de la parroquia Los Esteros, en el noroeste de Manta, destaca otra de las claves para lo que será el debut de su hijo, Andrés, en el inicio de su formación en educación inicial.

“El pequeño va al jardín y sabemos que estará bien tratado. Rogamos a Dios  que los profesores tengan mucha paciencia con mi hijo y el resto de infantes”.

Para  Katherine, uno de los aspectos vitales en las vacaciones que están por terminar fue enseñarle a comer sano a su hijo. Se trata de una táctica para que acceda a llevarse alimentos saludables al plantel. La comida que le pondremos en la lonchera será en base de frutas, jugos y sánduches.

“Sabemos que en el establecimiento educativo hay agua para beber en bidones, de eso no nos preocupamos, pues los padres ayudaremos para que el líquido no falte”, reseñó.

Esas tareas compartidas entre madres y niños forman parte de la preparación de los -peques- como les dicen los maestros a los niños. La parvularia Bailón, labora en una unidad educativa ubicada en el suroeste del puerto manabita.

En el lugar se provee a los niños de desayuno y el lunch a media mañana, de esa forma se evita que padres e hijos tengan esa lucha diaria. Los chicos se sienten más motivados cuando comen junto a sus amigos, pues hasta en esa actividad juegan y refuerzan sus modales que en principio son normas de conducta que vienen desde casa, agregó.

Pero, no solo se preparan los padres e hijos para asumir el reto en la educación inicial. También en los planteles se delinean las tácticas que impartirán a los pequeños educados y sus representantes para que los primeros días  la adaptación en su nuevo ambiente no sea frustrante. (I)

Fuente: Diario El Telégrafo