El lunes 7 de julio, el tribunal dictó sentencia contra Jean Paul Pisco Galarza, hallándolo culpable y condenándolo a 26 años de prisión.

“Ha sido un camino duro, porque cinco años se me pasaron volando, pero sin embargo seguí en la lucha, rogándole a Dios que me siga dando fortaleza y fuerza para avanzar día a día. No ha sido fácil, no ha sido nada reconfortante, porque que él se haya ido hasta Alemania por culpa de un fiscal que no dictó las medidas de prisión preventiva, pues eso afecta. Afecta al proceso, afecta a que uno siga sufriendo y no logre justicia como uno quisiera: inmediatamente”, expresó Anabel Campos, madre de Valeria.
La emoción fue incontenible para Anabel, quien ha sostenido una batalla legal y emocional desde aquel trágico día. Su hija fue asesinada el mismo día en que celebraba su cumpleaños, por alguien en quien había depositado su confianza.
“Es que yo lo miraba y decía: ‘No puede ser’. No puede ser que uno haya confiado en un hombre tan ciegamente y él me dejó sin mi hija. Algo muy fuerte para nosotros como familia, para mí como mamá, que asesinen a mi hija justo el día en que yo la traje al mundo, ¿no? Un hombre con una mentalidad que sinceramente nunca voy a entender, porque no concibo que haya planificado tan minuciosamente su muerte. Al principio creímos que era un robo y secuestro, y casi nos comemos el cuento de que la habían secuestrado.”
Pero fue gracias a las triangulaciones telefónicas, a las investigaciones, a las declaraciones de las amigas, que se empezó a revelar la verdad. “Fue algo minucioso. Uno como mamá ignoraba muchas cosas de las investigaciones. Ahora, en cambio, puedo ayudar, puedo colaborar.”
Sin embargo, Pisco no ha sido el único implicado en este caso. Otras cuatro personas fueron sentenciadas por su participación en los hechos.
“El taxista que sacó a mi hija del aeropuerto; el hermano del taxista, que cambió las maletas para llevarlas al lugar del asesinato; el asesino material, que la degolló y la apuñaló; y la tía… Obviamente, también Paul. Los cuatro fueron sentenciados a 22 años, y Paul a 26 años de prisión.”
Durante la audiencia de juzgamiento, Anabel no estuvo sola. Fue acompañada por otras madres que, como ella, han perdido a sus hijas a manos de sus parejas o exparejas. Unidas por el mismo dolor, se han convertido en una red de apoyo que no se rompe. Cada avance legal lo celebran juntas, como un paso más hacia la justicia que todas merecen.
Anabel aseguró que esta sentencia le da fuerzas para seguir luchando, no solo por su hija, sino por todas las víctimas de violencia de género. “El apoyo entre nosotras continuará más fuerte que nunca”, afirmó.
“Tenemos unas mesas de trabajo en la Judicatura, en el departamento de género, donde están casi todas las instituciones involucradas en procesos de femicidio. Eso nos sirve para apoyarnos. Ahí es donde vamos desatando los nudos críticos y adquiriendo muchos compromisos por parte de ellos.”
Gracias a este trabajo conjunto, han logrado extradiciones, avances en casos y sentencias. “En menos de tres años hemos logrado dos juzgamientos y cuatro extradiciones”, subrayó.
Madres Coraje se ha propuesto precisamente eso: acompañar, luchar y resistir. Muchas de estas madres siguen esperando justicia. Para ellas, cada condena no solo representa una victoria personal, sino un mensaje claro: la impunidad no debe tener cabida.

