“Recreo azul” un espacio inclusivo para estudiantes con autismo en la Unidad Educativa Fe y Alegría

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La Unidad Educativa Fe y Alegría, en Santo Domingo, impulsa el proyecto Recreo Azul, una iniciativa que busca ofrecer un espacio adaptado a las necesidades de estudiantes con trastorno del espectro autista (TEA), quienes enfrentan desafíos en la comunicación, la interacción social y la sensibilidad sensorial.

Diego García, docente de apoyo a la inclusión, explicó que los recreos convencionales pueden resultar abrumadores para estos alumnos, generándoles ansiedad, estrés o aislamiento. Por ello, el Recreo Azul fue diseñado como un espacio estructurado, seguro y tranquilo.

“Este recreo tiene dos objetivos: garantizar la inclusión y asegurar su diversión. Se divide en dos momentos: primero, actividades de relajación física y respiración, y luego juegos didácticos que promueven la regulación emocional”, señaló García.

Este enfoque permite que los niños regresen a clase con mayor estabilidad emocional y con menos riesgo de entrar en crisis, facilitando así su integración con docentes y compañeros.

Un ejemplo de inclusión real

Fe y Alegría se ha convertido en una de las pocas instituciones en Santo Domingo que apuesta por una inclusión educativa real. A través del Recreo Azul se fomenta la calma, el respeto, la participación y el desarrollo de habilidades sociales, brindando a los estudiantes un entorno seguro y adaptado a sus necesidades particulares.

Apoyo de organizaciones y desafíos del sistema

Como parte del fortalecimiento de esta propuesta, Vladimir Andocilla, presidente nacional de la Asociación de Padres y Amigos para el Apoyo y la Defensa de los Derechos de las Personas con Autismo del Ecuador, visitó Santo Domingo para compartir experiencias con padres de familia.

El dirigente recordó que, aunque existen normativas que garantizan los derechos de la población con autismo, las limitaciones presupuestarias dificultan su implementación.

“Hay pocos profesores de apoyo a la inclusión y escasos departamentos de consejería estudiantil. Además, faltan psicólogos clínicos, psicopedagogos y neuropediatras en las instituciones de salud pública, lo que complica los procesos de terapia y afecta al sistema educativo”, afirmó Andocilla.

Discriminación en algunas instituciones

Por su parte, Yanine Araceli Campoverde, representante de la Asociación Unidos por el Autismo, denunció que algunas escuelas en Santo Domingo siguen rechazando a niños con TEA.

“Una madre me llamó para decirme que tres escuelas le negaron el ingreso a su hijo. Ahora, ella le dará clases en casa mientras espera una evaluación para ver si el próximo año puede integrarlo. No me parece justo. Hay leyes, pero muchos colegios, sobre todo particulares, simplemente no quieren aceptarlos”, lamentó.

Compromiso con la inclusión

A pesar de los desafíos, iniciativas como el Recreo Azul demuestran que la inclusión sí es posible cuando hay voluntad y compromiso. La experiencia de Fe y Alegría en Santo Domingo marca un camino esperanzador para lograr una educación más equitativa y respetuosa de la diversidad.

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