En pleno centro de Santo Domingo, pacientes con enfermedades renales, muchos de ellos adultos mayores, son subidos y bajados de los vehículos en plena calle. La clínica donde reciben diálisis, al parecer, no cuenta con un parqueadero.

Algunos llegan en busetas, otros en carros particulares de familiares o vehículos fletados. El viernes, una mujer fue trasladada en el balde de una camioneta, acostada sobre un colchón. Un trabajador de la clínica salió con una camilla a recibirla, en media calle.
Como ella, otras personas con movilidad reducida deben enfrentar no solo la enfermedad, sino también la exposición, la incomodidad y el descuido de un sistema que parece priorizar la infraestructura médica, pero no el bienestar completo del paciente.
“Hay un guardia que nos recibe. A las personas que no pueden caminar les ponen una silla y las transportan hacia adentro. Así como usted ve ese carro ahí estacionado, así mismo se estaciona la ambulancia cuando llega, o las busetas que nos traen”, relató una usuaria.
El trato también es motivo de queja. Varios pacientes han denunciado que el personal, en ocasiones, es grosero.
“En el caso de mi abuelita, por ejemplo, se supone que deben hacer la limpieza de la clínica y de las camillas cuando ya no hay pacientes. Pero a veces ella está ahí y comienzan a limpiar igual. Eso es terrible. Además, las sillas de ruedas están en mal estado, algunas son de plástico, sin caucho. Personas con fisuras en los huesos se lastiman más”, señaló otra familiar.
Pacientes también comentan que, emocionalmente, se sienten maltratados.
“Uno se siente como un estorbo. Hay personas que nos hacen sentir así. A veces, hasta los enfermeros tratan mal. Aquí hay muchos problemas, pero nadie quiere hablar. Si decimos algo, tomamos represalias”, expresaron con preocupación.
Como si eso fuera poco, desde la semana anterior se redujo el tiempo de cada sesión de diálisis de 4 a 3 horas. Esto ha generado aún más alarma entre los pacientes, ya que este tratamiento no es opcional: es vital para su supervivencia.
“Queremos que la administración nos diga qué está pasando. No podemos hacer solo 3 horas, eso es perjudicial para nuestra salud, para nuestra vida. Y ni siquiera nos dan la cara”, reclamaron.
Afirman que el dueño de la clínica está presente en el lugar, pero evita todo contacto con los pacientes. A esto se suma la sospecha de una posible irregularidad:
“Nos hacen la diálisis 3 horas, pero ellos cobran como si fueran 4. ¿Por qué? Porque no van a poner en el reporte que hicieron solo 3. Uno firma un documento al salir, y ahí dice que son 4 horas, desde siempre. Pero ahora el tiempo es menos”, explicaron.
Menos tiempo de sesión de diálisis puede significar más complicaciones y mayores riesgos para los pacientes. Por ello, hacen un llamado urgente a las autoridades de salud para que analicen esta situación y garanticen un servicio digno, seguro y completo.

